…Ese fue el tiempo que tardó Jorge Crivillés en bailar “la mayonesa”, gritar, saludar a los turistas franceses y sentarse en una piedra para autoconvencerse de que ya estaba conseguido. No fue fácil ya que hubo que superar dificultades, corrientes que le impedían avanzar tanto al principio del cruce como al final. Durante más de cuatro horas seguidas tuvo que mantener un ritmo de nado bastante alto, ya que las corrientes laterales eran muy fuertes y había que intentar cortarlas. El juez de la prueba estaba sorprendido por la reacción coordinada del equipo y el ritmo de nado de Jorge.

En el inicio de la prueba lo primero que pensé fue: “Ya está, ahora no hay vuelta atrás”. Era una noche estrellada,la brisa estaba calmada y la molesta niebla del día anterior no apereció. Unas horas después, el amanecer, y  Jorge continuaba dando brazadas. El equipo en el barco apoyaba a Jorge. Transcurrieron las horas, los avituallamientos, los buques que no dejaban de pasar y Jorge continuaba braceando. Llegó el cansancio, pasó el tiempo, hasta que avistamos tierra francesa. Ahí estabamos, tan cerca pero tan lejos. Y al fin, pude ver a Jorge tocar la roca.

¡Ese fue mi objetivo, qué él llegara a tierras francesas!

Ha sido un placer entrenar a Jorge Crivillés, alumno disciplinado, cabezota y empeñado en conseguir su hazaña.

Escrito por: Serrana Fernández